Bichas #37. - Esperas.
Cuando parece que el tiempo se detiene (pero no).
En muchas ocasiones me he preguntado cómo es el espacio que se construye cuando nos sentimos en espera. Tiendo a pensar que es un tiempo indeterminado, un trozo que conecta un punto con otro, pero acabo retorcida en la idea engañosa de que es un momento en el que sentimos que parte de nuestra vida se detiene. Pero no es así. A pesar de ello, solemos asociar la espera con lo negativo (con esa incertidumbre de la que ya hablamos por aquí). No nos culpo. Creo que pocas personas pueden afirmar que les gusta la espera.
Hay muchos tipos de espera. Nos esperan nuestras amigas cuando llegamos tarde (siento esas esperas en la adolescencia, Trid), esperamos a que se haga o nos llegue la comida, esperamos un mensaje que puede no llegar nunca, esperamos y tragamos la ansiedad después de una mala conversación que necesita ser apaciguada, esperamos si nos hemos enfadado para no decir algo de lo que nos arrepintamos, esperamos la hora exacta que nos exime de currar y esperamos los días libres para descansar y vivir como verdaderamente nos gusta. Eso sí, si reflexiono sobre la espera, hay un espacio de luces blancas y aire frío que siempre me viene a la mente: las salas de espera de los centros médicos.
Una vez escuché que la espera es algo muy femenino, porque también está asociada a la disponibilidad. Y a la paciencia (paciencia, ¿eh? esa cosita que parece que a veces tenemos que tener de base). Creo que es un estado que tiene algo de plomizo, de últimos coletazos de domingo y de silencios a solas, íntimos de una manera que no nos termina de gustar.
Roland Barthes (hola) tiene una idea en Fragmentos sobre un discurso amoroso que siempre me ha gustado mucho, porque creo que es más grande de lo que él pensó. Creía estar definiendo el estado principal del enamorado, pero creo que define más bien el deseo (de que algo llegue, de que algo acabe, de que alguien conteste, de que alguien nos escuche) de cualquier tipo:
“¿Estoy enamorado? -Sí, porque espero. El otro, él, no espera nunca. A veces, quiero jugar al que no espera; intento ocuparme de otras cosas, de llegar con retraso; pero siempre pierdo a este juego: con cualquier cosa que haga, me encuentro ocioso, exacto, es decir, adelantado. La identidad fatal del enamorado no es otra más que ésta: yo soy el que espera.”
Yo soy la que espera pacientemente. Probablemente esperar signifique forzosamente ceder el tiempo, ceder el control, estar maniatada pero estar pensando en lo que llega mientras llega. En la espera nos vemos frágiles por eso mismo que define Barthes, porque siempre nos imaginamos esperando solas, haciendo un sacrificio de nuestro tiempo. En la misma definición de esperar está la tardanza de algo o de otra persona que está ocupada y sin pensar en nosotras. Esperar siempre significa desesperar un poco, quizás por eso mismo, porque aunque tengamos compañía nos fuerza a estar confinadas en nuestros pensamientos.
Hay cesiones del control conscientes, puntos de fragilidad que exponemos a la gente cuando les damos nuestra espera. Esperar a otras, esperar por otras es sin duda un acto de amor.
Te acabo de decir entre risas que empezamos a repetirnos porque ya citamos ese fragmento de Barthes. En verdad, creo que de toparme con él empezó esta obsesión mía con la espera. Me tocó mucho su relación entre esperar y estar enamoradas, porque vi mucho de real en ello y también vi mucho de mí en esas palabras, y no me gustó del todo.
La fragilidad y el tiempo. Creo que has dado en el clavo. Ofrecer esa fragilidad cuando lo hacemos de manera consciente es un gesto de amor. Cuando es de manera inconsciente, y nos come el nerviosismo y la inmovilidad, ya es otro cantar. Creo que ahí es cuando nos sentimos atrapadas, cuando el tiempo se nos clava más, cuando sentimos que hemos perdido el control (sobre todo si esa espera viene de castigos de silencio y situaciones similares que otros han decidido aplicarnos).
Pero hay algo bello en la espera cedida con intención. En esperar ese fin de semana en el que vas a reunirte con tus amigas, o ese jueves cualquiera en el que no vas a dormir sola, o esa conversación que llegará cuando tenga que llegar porque confías en la otra persona y sabes que la ausencia de urgencia está bien. Muchas veces, aquí, solemos llegar al amor, pero no tantas a la suerte que brinda la certidumbre. A esa seguridad que nos brindan otras y que nos hace sentir que, pase el tiempo que tenga que pasar, esperar no es tan malo si es por ellas.
No solemos ser muy amigas de la inmediatez por aquí y sin embargo una noticia me ha golpeado tan fuerte y está tan relacionada con este tema que tengo que cerrar la parte buena de la espera y cambiar brutalmente de tono. A veces simplemente no es posible ver el lado bueno cuando pensamos en las salas de espera de los centros médicos, esos lugares que mencionaste al principio y que yo he querido pasar de puntillas por no enfangarnos en el dolor.
Una mala noticia me tiene suspendida ahora en espera. Espero un mensaje, espero una llamada. Espero que otra noticia que disipe a las que son malas, a las que son miedos. Espero, como quiero ver otra vez a esa persona cuya salud me tiene en espera. Espero, como tengo la esperanza de que todo salga bien. Espero, como aguardo
Estas semanas a estas BICHAS les ha dejado huella…
Una imagen. Una frase. Un texto. Por partida doble, claro.
Está chica (yo) es una enamorada del otoño, y descubrir por primera vez la Selva de Irati en esta estación fue espectacular.
Estas cuatro capturas las tomó Irene (@neneando.bsky.social) en Bluesky y me las tuve que guardar porque me fascinaron. Salen de un documental llamado Love & Pop, dirigido por Hideaki Anno y dicen: «Quizás en el mundo se repiten siempre las mismas cosas una y otra vez/ Pero eso no quita que no pueda intentar capturarlas antes de que se vayan/ Eso es lo que me hizo coger la cámara.»
«Ahora entiendo que cada espina / Y que cada pequeño arañazo / Cada cuchilla por la espalda / Fue tan sólo un pequeño trámite / Tan sólo una excusa idiota / Fue tan sólo un pequeño trámite / Tan solo una excusa idiota…» Quien me conoce bien sabe que El amor valiente, de Xoel López (Deluxe cuando lanzó la canción), es mi canción favorita sobre el amor. Porque habla de ello desde una perspectiva real y, a la vez, muy poética. También habla de esperas. Esperar a estar preparado. A dejar de tener miedo. A que todos esos cuchillos por la espalda, con el tiempo y alumbrados por otros ojos, solo parezcan un pequeño trámite.
«Me interesa mucho la gente que no escribe, pero que en realidad sí escribe.» Esto es una cita de una entrevista de Acoidán Méndez a la escritora Sabrina Urraca en su página Un mundo en otra parte. Me gusta muchísimo esta idea porque me siento reflejada en ella: a veces las mejoras escritoras no saben escribir.
Los textos que he leído esta semana están escritos por personas que no cumplen la mayoría de edad. Me gustaría poder ofreceros algo más, pero esta vez no puede ser. Así que os mando un besito.
«Pero lo que tengo clarísimo es que internet cambiará si lo hacemos antes nosotros y para que llegue esa sanación hay que romper los manuales, mandarlo todo a tomar por culo y abrazar el punk. Sobre todo el punk.» Otro texto recomendado por aquí de la página Fetén de Nazaret Escobedo. Pienso mucho sobre qué nos queda de aquel internet inocente que se construyó colectivamente en los dosmiles y sobre qué internet habitamos ahora. Y Nazaret siempre lo cuenta todo con gracia y un atino difícil de replicar.
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Tenemos una playlist donde vamos añadiendo todas las canciones que mencionamos. También las que colamos a lo somardas. Puedes marujearla aquí.




Me gusta la reflexión que hacéis sobre la espera intencionada, consciente, amorosa. Con límites, claro, el límite de no hacernos daño en ese proceso. Y la espera que desespera?... En mi caso, necesito trabajarla, y no cederle mi bienestar.
Sigo poniéndome al día. En primer lugar, espero que esa espera con la que cierra la entrega haya ido lo mejor posible.
Desde hace unos pocos años, digamos del 2021 en adelante, ya no siento que espero. Hay esperas, claro, algunas muy deseables (ahora mismo estoy en espera, para poder encontrarme dentro de un rato con mi pareja), pero ya no las vivo como tales. Sencillamente, hago otra cosa mientras sucede la espera.
Ah, y muy de acuerdo en la asociación entre espera y lo femenino (entendido desde un puto de vista heteropatriarcal). Así que menos espera para todo el mundo. Más vivir y menos desvivir y sinvivir.